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Aquí el viaje cambió de rumbo completamente, porque esta "experta planificadora", que llevaba un año y medio planificando al minuto y al céntimo todo, se dejó una sola cosa sin planificar: el coche de alquiler para ir desde Québec a Chicoutimi/Saguénay - Tadoussac - Lac Saint Jean y luego cruzar la fontera de Estados Unidos por Maine y bajar hasta Boston recorriendo New England, por Vermont y New Hampshire.
Aquí el viaje cambió de rumbo completamente, porque esta "experta planificadora", que llevaba un año y medio planificando al minuto y al céntimo todo, se dejó una sola cosa sin planificar: el coche de alquiler para ir desde Québec a Chicoutimi/Saguénay - Tadoussac - Lac Saint Jean y luego cruzar la fontera de Estados Unidos por Maine y bajar hasta Boston recorriendo New England, por Vermont y New Hampshire.
Miré por internet distintas tarifas, modelos... No era caro, se podía asumir. Teníamos nuestros carnets de conducir internacionales en regla. No habíamos conducido nunca coches automáticos, pero todo el mundo dice que es taaaan fácil... Los coches llevan navegador pa torpes, yo me había imprimido en color, por si acaso, todos los mapas e instrucciones de Google Maps de cada uno de los trayectos seguros o posibles, en ambas direcciones, etc.
No parecía necesario reservar nada desde Madrid, además de que todo el mundo me desaconsejaba hacer tal cosa. Es verdad que, cuando ponías en la web de Avis, de Hertz, de Budget, que ibas a devolver el coche en una localidad distinta, se quedaba colgada, se volvía loca y tenías que salirte sin la información. DEBERÍA, TENDRÍA QUE haber levantado el teléfono o movido el culo y preguntar en persona en alguna oficina de alquiler de coches internacional un presupuesto aproximado. No lo hice. Soy de esas personas que cometen pocos errores, pero los que cometo son de tal calibre que compensan con creces mis aciertos. No es falsa modestia: no gasto de eso.
Sí sabía que el norte de Québec es una ratonera: ya no llega el tren, ni el avión; sólo hay carreteras que atraviesan bosques, ferries que atraviesan ríos... sólo coche y, en algunas rutas, autobús. También sabía, porque me había informado en los foros de viajeros de Trip Advisor, que no hay ninguna posibilidad razonable de llegar en transporte público desde Québec City (adonde, en cualquier caso, es necesario volver desde Tadoussac, Lac Saint Jean o Saguénay) y Boston. Ningún avión, ningún tren que tenga menos de cuatro escalas, de autobuses no sé, porque la página web de Greyhound Canadá funciona fatal y no informa apenas de nada. No hay nada. Sólo doce horas de coche, interrumpidas o no (más un pesadísimo paso de frontera). Sólo coche y yo sin asegurarme del precio.
Conque nos vamos a la oficina de turismo de Québec, donde preguntamos dónde se encuentran las oficinas de alquiler de coches de la ciudad; nos atiende un tío encantador y profesional que nos busca todo todo lo que le pedimos: direcciones, teléfonos, horarios de autobuses a Saguénay (donde tenemos ya este hotel reservado para dos noches), pensando que quizá es mejor ir en autobús y alquilar allí el coche para bajar hasta Boston, total así serán dos días de alquiler en vez de cuatro, menos gasto de gasolina y de aparcamiento, etc.
Y, con esa información, nos vamos a la oficina de Hertz, que es la que mejor nos pilla (y más barata que Avis, de lo que yo recuerdo de los tiempos en que negociaba estas cosas para la empresa en la que trabajaba). Nos vamos y preguntamos: precio de un alquiler de automóvil compacto (tamaño mediano), para cuatro días, con seguro a terceros (CDW o Collision Damage Waiver, todavía me acuerdo de la jerga), para recogerlo en Québec y soltarlo en el aeropuerto de Boston Logan. Respuesta: 1.500 CA$ (unos 1.200€, más 4 días de aparcamiento a un promedio de 16€ diarios, más la gasolina de conducir 12 horas, a razón de 0,97€ el litro). No puedo explicar lo que se siente, porque ciertamente un billete de avión Madrid-Boston, comprado sin ninguna rebaja, a su precio nominal, es mucho más barato. Y posiblemente sean también más baratos que eso dos billetes Madrid-Nueva York y vuelta, a nada que se mire un poco y se reserven con antelación. "Es por el sobrecoste de dejarlo en otra ciudad y en otro país", se disculpa la mujer. "Claro, claro", contestamos. Y nos vamos, cariacontecidos. Porque no se pede salir de allí sin coche, pero no podemos pagar el coche. Y tenía que haberlo previsto, lo siento.
En mi improbable descargo, decir que alquilar coches en Norteamérica es muy barato, lo hace todo el mundo habitualmente. Es más: muchas veces es incluso más barato comprar un coche de segunda mano y venderlo días más tarde, para lo que apenas piden papeles (recuérdese la escena del desfalco de la chica, en la película "Psicosis"). Un coche como el que queríamos, en round-trip (entregado y cogido en el mismo punto), no supera los 90 CA$ al día, así que, por cuatro días y aunque sea más caro entregarlo en otro sitio... No creía que superase los 500-600 CA$, a mucho tirar... Pero no lo pregunté. Pues sí: digamos que triplica esa cifra.
Así que, sobre la marcha, nos trazamos otro plan: no iremos a ver el fiordo del Saguénay (¿puede ser más bonito que el Sognefjord de Noruega, que ya conocemos?), ni a pasear en zodiac junto a las ballenas en el delta de San Lorenzo, ni a bañarnos en un lago-mar entre piceas y arces; ni atravesaremos los bellísimos bosques y parques nacionales de Vermont. Cambio abrupto de planes: anularemos la reserva en Chicoutimi y saldremos al día siguiente en avión desde Québec a uno de los dos únicos destinos internacionales con los que mantiene vuelos directos: Filadelfia. Es caro, sobre todo por la premura, pero menos que el coche; a eso hay que sumar tres noches de hotel en Filadelfia y un vuelo doméstico dentro de Estados Unidos -esos sí son baratos- para llegar a Boston el 19, ya que nuestro vuelo a España es el 20 por la tarde, y la noche del 19 debemos (y tenemos ya reservado) dormir en Boston. Viajar sólo de Québec a Boston sale casi igual de precio y es también con escala en Filadelfia, pues ningún vuelo es directo, así que decidimos hacer escala, sí, pero de tres días. A cambio de no conocer el Canadá más salvaje, el de la naturaleza pura, que tengo para mí que es el mejor, veremos una nueva ciudad de Estados Unidos: Filadelfia. Un viaje demasiado urbano y posiblemente demasiado largo, dada la descompensación de última hora entre lo urbano y lo rural. Pero es lo que hay. Estoy triste y frustrada, porque si bien es verdad que no era fácil de prever esto, yo TENDRÍA QUE haber hecho algo más que simplemente confiar en el famoso "Dios proveerá y verás cómo todo sale bien".
Por si le sirve a alguien: Nunca, bajo ningún concepto, si se puede hacer otro apaño, alquiles un coche en una ciudad y lo sueltes en otra. Y mucho menos si lo sueltas en otro país. Y muchísimo menos si lo coges en Canadá o Estados Unidos y lo sueltas en el otro, ya que ambos se odian (se nota en todo: en las fronteras tan antipáticas, en las escasas comunicaciones que hay entre ambos, con los miles de kilómetros de frontera que comparten... en todo). No lo hagas. Monta el viaje de otra manera, pero no hagas eso. Resulta que he estado haciendo un cálculo y hubiera resultado más barato alquilar un coche en Boston a nuestra llegada el día 4 de julio y no soltarlo en los 16 días de viaje, ahorrándonos trenes, aviones locales y transfers como el de la loca de Niágara, pero devolviéndolo en el mismo punto donde lo cogimos. Increíble, pero cierto.
Y yo que me vanagloriaba de lo barato que era el tren en Canadá... Y yo que me vanagloriaba de haber conseguido, con insistencia, un permiso por escrito del Servicio al Cliente de Via Rail, que me garantizaba el acceso a los trenes con equipaje voluminoso, cosa normalmente prohibida... Pero dije que iba a ser sincera contando todo, sobre todo lo que pueda ayudar a otros viajeros, y eso hago. Detesto a quien todo le sale siempre bien en las vacaciones y todo es perfecto siempre, porque las cosas, y lo dice una persona medianamente viajada, no son así. Pero se aprende, que básicamente es a lo que se viene a este mundo ¿o no?
Ya de muy joven, con 23 años recién cumplidos, me vi en una situación apurada, cuando me encontré con una huelga salvaje de todo el transporte público de Bélgica que me impedía salir del país. Yo no tenía ni carnet de conducir, y debía irme sin falta a Amsterdam, pues mi vuelo de vuelta a Madrid salía dos días después desde allí. Tenía billete de tren de ida y vuelta Amsterdam-Bruselas comprado y pagado, pero no podía usar la vuelta por la huelga, y el avión no iba a esperarme... Valoré distintas posibilidades: hacer autostop hasta Rosendaal, la frontera, y allí esperar al tren para el que tenía billete de vuelta y plantarme en Amsterdam; pero no me atreví. Al final, me fui a una empresa de esas de excursiones para turistas (transporte privado, o sea que no estaban en huelga), que organizaba una excursión de día completo en Amsterdam, compré un billete y dije lo que me pasaba y lo que yo iba a hacer: subir al autobús con maletas -nadie las llevaba-, bajarme en Amsterdam y no regresar al autobús, que no me esperaran. Así lo hice. Y me sentí bien de haber sabido solventar la situación siendo tan joven. Y me sentí aún mejor cuando fui a la Centraalstation de Amsterdam y pedí que me devolvieran el dinero del billete de vuelta de tren desde Bruselas que no había podido usar por la huelga. "Me van a mandar a la mierda", pensé, "porque ¿qué culpa tienen los holandeses de las huelgas que hagan los belgas?". Pues no: me devolvieron la parte proporcional del dinero, que era parecida a lo que me había gastado en mi excursión improvisada. Esas cosas espabilan, hacen crecer, despejan la mente, y nunca sabrías de qué eres capaz si no te ocurren.
El caso es que cogimos un avión de US Airways en Québec, y lo soltamos apenas dos horas más tarde y con el asa de la maleta rota, en Filadelfia. Naturalmente que fuimos a reclamar, pero nos dijo una borde que las asas y las ruedas no están incluidas en el plan de compensaciones, sin pedirnos siquiera disculpas; bueno, ya he puesto una queja en el Servicio al Cliente de US Airways, a ver qué me dicen: el que no llora, no mama [adenda de 25 días después: me contestan muy amablemente en US Airways que, en efecto, las ruedas y las asas no entran "porque se rompen mucho" (sic)]; lástima que ya no tenga ningún contacto con aquella comercial tan simpática de U.S. Airways que me visitaba en la empresa (no en vano, teníamos la sede estadounidense en King of Prussia, Filadelfia), Rita Moreno se llamaba, como la actriz, y era un encanto absoluto.
Antes de que nos diéramos cuenta, estábamos ante el amable empleado de seguridad de fronteras, poniendo los diez deditos sobre el cristalito verde, y la jeta en la webcam, y contestando preguntas como cuánto dinero efectivo llevamos, si portamos armas o sustancias prohibidas, qué profesión tenemos, para qué entramos en Estados Unidos y cuándo nos vamos a ir, etc. Lo de amable lo digo de verdad: se lo toman muy en serio y tardan mucho en hacer todo tipo de averiguaciones: miran el waiver veinte veces, pasan el pasaporte dos o tres veces por distintos lectores y luces de colores, miran qué otros destinos has tenido... pero son educados y correctos, cosa que NO se puede decir en modo alguno de los empleados de fronteras canadienses. Y esto me ha pasado tanto en Nueva York, como en Boston, como ahora en Filadelfia. Al parecer las fronteras terrestres son otra cosa, pero yo hablo de lo que conozco.
Antes de que nos diéramos cuenta, estábamos ante el amable empleado de seguridad de fronteras, poniendo los diez deditos sobre el cristalito verde, y la jeta en la webcam, y contestando preguntas como cuánto dinero efectivo llevamos, si portamos armas o sustancias prohibidas, qué profesión tenemos, para qué entramos en Estados Unidos y cuándo nos vamos a ir, etc. Lo de amable lo digo de verdad: se lo toman muy en serio y tardan mucho en hacer todo tipo de averiguaciones: miran el waiver veinte veces, pasan el pasaporte dos o tres veces por distintos lectores y luces de colores, miran qué otros destinos has tenido... pero son educados y correctos, cosa que NO se puede decir en modo alguno de los empleados de fronteras canadienses. Y esto me ha pasado tanto en Nueva York, como en Boston, como ahora en Filadelfia. Al parecer las fronteras terrestres son otra cosa, pero yo hablo de lo que conozco.
¡Vaya! Cuánto lo siento.
ResponderEliminarBesos,
Pilar