Termino este corto viaje por la Cataluña profunda (pero que MUY profunda), visitando los tres monasterios clave del Císter catalán y sus respectivas tres comarcas: Poblet, en La Conca de Barberà; Santes Creus, en Alt Camp; y Santa María de Vallbona, en Urgell. Las dos primeras en la provincia de Tarragona y la última en Lleida. Ha estado bien, el paisaje es bonito, todo viñas y olivos (vinyes verdes vora el mar, que dijo el poeta Josep Maria de Sagarra), los Monasterios valen la pena y se come barato, aunque lamentablemente no muy bien. Vamos, que no son precisamente unas vacaciones gastronómicas.
De hecho, voy a tratar de centrarme en las cosas que han salido mal, no por afán cenizo o porque esté siempre equivocándome -que posiblemente también- sino, como siempre, por tratar de evitar que mis errores los pueda repetir alguna otra persona que me esté leyendo. Como siempre, pongo en azul lo que más le pueda interesar al turista al que le importen un peo mis cosas personales.
Nos alojamos en el Balneari de Rocallaura, pegado a Vallbona de les Monges, un cuatro estrellas con SpA, tratamientos termales y tal, que está bastante bien, tiene habitaciones bastante amplias y bien dotadas, un paisaje espectacular y una relación calidad-precio (habida cuenta del ofertón que pillé), increíble. ¿Cuál es el problema, entonces? La comida. Fatal el desayuno, muy poco abundante y variado; fatal la cena el único día que osamos cenar allí, y muy caro, lo que resulta desequilibrado teniendo en cuenta lo que cuesta, o lo que me ha costado a mí alojarme.
Me diréis que tampoco es para tanto, que coge uno su flamante coche nuevo (seguro que alguien no sabrá que me cepillé mi viejo Volvo definitivamente en enero pasado, a base de hacerle 40.000 km al año) y se va a cenar o comer adonde le pete. Pues no exactamente, porque en los alrededores no hay NADA. Pero nada, literalmente, no es una forma de hablar. Hay, a poca distancia de coche, dos fondas infectas, de una de las cuales huimos, y en la otra sí cenamos una noche, con la única compañía de los dueños, enormemente rústicos y alucinados de ver por allí a dos turistas. Si en el buffet del pijo balneario hay moscas posándose alegremente sobre la carne y los dulces, mejor no hago quinielas sobre lo que habrá en estos sitios.
Quiero decir que hay que coger mucha carretera, con muchas curvas y de noche, para encontrar un restaurante con pinta de NORMAL y que, con suerte, estará cerrado, porque hay tan poco turismo aquí, está todo tan vacío, tan desolado, que la mayoría de los restaurantes que tienen buena pinta en las poblaciones cercanas cierran por vacaciones la primera quincena de julio. En serio.
Y es que yo creo que somos los únicos turistas por aquí, sobre todo hasta hoy, que ha sido semana laboral: por aquí raramente se aventuran extranjeros; la economía nacional está como está, pero para quien no le vaya mal, suele elegir playa y agosto, no la ruta del Císter en julio, así que aglomeraciones no hay, eso seguro: aparcas donde quieres, no haces cola y no hay que reservar el guacuchi.
Vamos, que las cenas se convertían en un problema serio, porque no apetece nada después de haber conducido todo el día, disfrutado de las burbujitas y haberse puesto uno cómodo, coger el coche y salir a hacer curvas de noche, y en el hotel es impensable quedarse a cenar, así que por la mediodía comíamos bien donde nos pillara y luego comprábamos algo para la cena (bocatas, frutas, leche, galletas...). El desayuno sí lo hacemos aquí porque está incluido, pero vamos...
Otro problema no menor es la falta total y absoluta de cobertura Vodafone; hay Movistar y Orange, pero no la nuestra, la de los dos: Vodafone. NADA, ni una rayita, ni poder mandar un mensaje, nada. No salía ni el nombre del operador: sombra total. Esto no deja de ser anecdótico hoy día, porque wifi gratis sí hay, así que se puede llamar por Skype o por el fijo que hay en la habitación; se pueden poner emails o escribir esta crónica... pero una vez en el hotel y antes, una vez entras en la comarca, hay que despedirse de ser localizado.
Y eso es especialmente grave cuando has dejado en Madrid a tu madre muy grave en la residencia y los teléfonos que ellos tienen son: el tuyo de casa (donde no estás), el del marido del trabajo (donde no está) y los móviles de ambos (donde sí estamos pero como si nada, pues no hay cobertura). Lo paso mal, francamente, y ya me vale a mí, que tengo el récord de 9 días sin encender el móvil cuando mi madre estaba bien, eso de pasarlo mal por no tener cobertura y de no poder ser localizada, que siempre ha sido mi más ardiente secreto...
La tercera pejiguera ha sido coger demasiados días: esto no da para pasar aquí cinco noches. En un día te ves dos de los tres monasterios, sin prisas y respetando sus horarios de visita; en otro día te ves el tercero y el pueblecito de Montblanc, que es encantador; en otro, si quieres, te ves Tarragona y Reus y ya está. Lo demás es sacar de donde no hay, porque Tàrrega no merece la pena en absoluto, Valls tampoco, a Port Aventura no nos da por ir, y Andorra, Viella, La Seu, La Vall de Boì, Aigüestortes y Sant Maurici, o sea la parte pirenaica de la provincia de Lleida, quedan lejísimos y por carreteras regulares, vamos que se te van cinco horas o más sólo en el viaje, y para pasar un día es excesivo: esa zona se merece un viaje en exclusiva que sin duda haremos, pero no ahora.
Ahora os comento algunas cosas de los lugares propiamente turísticos de esta zona:
Para empezar, el Monasterio de Poblet, en la Conca de Barberà, que es el mayor y más importante de los tres de la ruta del Císter, entre otras cosas por ser Panteón Real de los Reyes de la Corona de Aragón (aunque los bodies están muy repartidos). Poblet tiene algunas tumbas memorables, como la de Jaume I el Conquistador, Pedro IV el Ceremonioso, Ramón Berenguer IV (el primer Conde de Barcelona, aquel a quien el Cid ganó en batalla la espada Colada), Martín el Humano, etc.
Es un monasterio absolutamente espectacular, precioso, sin paliativos; las visitas son exclusivamente guiadas, porque el monasterio mantiene una comunidad regular de monjes de clausura, y son solamente en catalán, aunque la guía es muy agradable y comenta en castellano, en inglés o en francés, todo lo que sea necesario y no se haya entendido bien (y no habla catalán lleidatà, muy importante para entenderlo, buf).
Al lado de Poblet hay un pueblecito encantador, L'Espluga de Francolí, con montones de bodegas donde degustar vino de denominación de origen del Priorat, un taco de restaurantes buenos y baratos, y unas cuevas que merece la pena visitar, a pesar de que no tienen ni estalactitas ni pinturas rupestres, pero tienen un audiovisual a todo meter, en castellano, y se aprende mucho de la vida del hombre en el Paleolítico, en el Neolítico, en la Edad del Bronce, los poblados íberos, etc, que habitaron esta enorme cueva, una de las más largas del mundo. También se puede ver allí el nacimiento del río Francolí, que discurre en parte por debajo de la cueva y es el culpable de que la cueva exista, pues la ha horadado él.
Un poco más allá encontramos el pueblecito medieval (pero con wifi en todo el pueblo, toma ya) de Montblanc, con el recinto amurallado mejor conservado de toda Cataluña, incluyendo una curiosísima torre de planta pentagonal y propiedad privada. Dice la leyenda que en uno de los portales de su muralla fue donde Sant Jordi mató al dragón, bueno... El pueblo es bonito, tiene museos curiosos, una pequeña judería, un cuidado y sombreado parque en lo alto y se come bien en El Call, que es muy famoso (a diario tienen un menú económico muy bueno).
El segundo monasterio en tamaño e importancia, es el de Santes Creus, en el Alt Camp, más hacia el mar. Iremos hacia él por carreteras secundarias (que es lo que hay que hacer para ver el verdadero sabor de este paisaje rural y cuidadísimo, aunque nos encontremos con algún que otro tractor). Aquí también hay enterrado algún rey importante, como Jaume II, el hijo del I, y Pedro I.
Santes Creus no está habitado hoy día, no lo ha vuelto a estar desde la desamortización de Mendizábal -aprovecho para decir que está haciendo mucha falta otra parecida, cagontó lo más barrido- y, por lo tanto, se puede visitar por tu cuenta, no hay visitas guiadas salvo que se contraten expresamente. Es muy bonito, absolutamente impresionante, y te ponen un audiovisual muy interesante sobre el Císter y la vida monástica (lamentablemente, sólo en catalán).
Y el último y más pequeño de los tres monasterios es el de Vallbona de les Monges (de los "mongos", dice Juan), que está en el Urgell, en el pueblo donde nos alojamos. Tiene una comunidad regular de monjas de clausura y guarda el sepulcro de la reina Violant de Hungría, esposa de Jaume I (que se ve que repartió a toda la parentela por los tres monasterios).
Las visitas son guiadas, con mucho nivel de detalle e incluso alguna erudición, puesto que el monasterio es pequeñito, una pequeña joya. Aquí sí hay visita en castellano; las visitas empiezan a las 10:30 de la mañana, en catalán, la siguiente es a las 11:30 en castellano, y así sucesivamente, aunque cierran dos o tres horas a mediodía. Tuvimos la suerte de disfrutar nosotros dos solos de la visita en castellano.
Se puede comprar una entrada conjunta para los tres monasterios, en cualquiera de ellos, que sale muy bien de precio si realmente vas a ver los tres, como nosotros; cuesta 9€ por persona, mientras que la entrada a un solo monasterio cuesta 6€. Más información sobre la ruta del Císter aquí.
Resumiendo: un viaje bonito e interesante a una Cataluña muy desconocida y rural; totalmente recomendable desde el punto de vista paisajístico y cultural, pero no desde el gastronómico.
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ResponderEliminarY pensar que esta misma noche hemos estado hablando de ti... Ayns.
:-)